Washington – Los académicos, periodistas y ciudadanos
comunes que desean acceder a información en manos del
gobierno de Estados Unidos consideran que la Ley de Libertad
de Información, promulgada hace 43 años, es
uno de los baluartes de la democracia.
La Ley de Libertad de la Información (FOIA), promulgada
en 1966 y perfeccionada con el transcurso de los años,
permite a personas y organizaciones (incluso organizaciones
y ciudadanos no estadounidenses) solicitar documentos no
publicados en poder de los organismos de la rama ejecutiva,
sin tener que explicar el motivo de su petición.
Cuando la ley FOIA se promulgó por primera vez,
se consideró algo revolucionario. Solo Finlandia
y Suecia tenían leyes parecidas. Desde entonces,
80 países han promulgado leyes similares, dijo Tom
Blanton, director del Archivo de Seguridad Nacional, un
importante instituto de investigación estadounidense,
que recopila y publica información conseguida a través
de la ley FOIA.
El presidente Lyndon Johnson no demostró demasiado
entusiasmo cuando firmó la ley que obligaba al poder
ejecutivo poner a disposición del público
muchos documentos previa solicitud. Muchas autoridades consideraban
que la transparencia que exigía la ley FOIA les impediría
transmitir información confidencial en los documentos,
perjudicando así la función gubernamental.
Desde sus principios, la FOIA se ha convertido en una popular
herramienta de consulta para los periodistas, académicos,
empresarios, abogados, consumidores y grupos ecologistas.
Ha contribuido a la apertura de la labor del gobierno.
Conforme a la FOIA, los ámbitos de información
exentos de la divulgación son: la información
personal privada, ciertos asuntos secretos relacionados
con la defensa nacional y las relaciones exteriores, y los
secretos comerciales y de negocios. La ley no se aplica
a las otras dos ramas del gobierno de Estados Unidos, es
decir, el poder judicial (tribunales federales) y el poder
legislativo (el Congreso), ni a los estados. Los estados
tienen leyes similares a la FOIA que abarcan la información
gubernamental a nivel estatal.
En el año 1996, la ley FOIA entró en la era
digital cuando el Congreso modificó la ley para que
proporcionara acceso público a la información
en formato electrónico. Los organismos federales
tienen información en línea electrónica
sobre cómo solicitar documentos.
El 21 de enero, en su segundo día en el cargo, el
presidente Obama instruyó al Departamento de Justicia
a incrementar aún más el acceso informativo
al público. El secretario de Justicia, Eric Holder,
cuyo departamento supervisa la gestión y tramitación
de las solicitudes de FOIA entre las agencias federales,
publicó una serie de directrices el 19 de marzo en
cumplimiento de las órdenes de Obama.
Calificando la directiva de Obama como “un cambio
radical en la manera en que el gobierno considera la transparencia”,
Holder agregó que la FOIA “refleja el compromiso
fundamental de nuestro país con el gobierno abierto”
y que las nuevas directrices “tienen por objeto subrayar
ese compromiso y asegurarnos que se lleve a la práctica”.
Las nuevas orientaciones, que se aplican a todas las agencias
del poder ejecutivo, incluyen el requisito de que, cuando
se responde a una petición de información,
las agencias deben preguntar: “¿Qué
puedo divulgar?”. Las agencias no deben retener la
información por el solo hecho de que técnicamente
están permitidas a hacerlo.
Las directrices también animan a:
-- Divulgar parcialmente los documentos si no pueden divulgarse
en su totalidad.
-- Garantizar, en la medida de lo posible, la divulgación
discrecional de los documentos.
-- Trabajar cooperativamente con las peticiones y responder
de manera oportuna.
-- El personal de FOIA debe de realizar una mejor labor
informativa al Departamento de Justicia.
Las nuevas directrices tienen por objetivo hacer más
eficiente y rápido el proceso de la FOIA. En 2006,
las 30 agencias federales con el más alto nivel de
solicitudes informaron de que habían recibido más
de 774.000 solicitudes de acceso a la información
conforma a la FOIA.
LIBERTAD DE INFORMACIÓN EN EL EXTRANJERO
Otros países han experimentado de primera mano el
impacto de la mayor transparencia del gobierno a través
de leyes como la FOIA.
Hace poco, la Ley de Libertad de Información del
Reino Unido, aprobada el año 2000 pero aplicada recién
desde hace poco tiempo, permitió a Heather Brooke,
una periodista estadounidense independiente, sacar a la
luz un escándalo del gobierno. La periodista, que
vive y trabaja en el Reino Unido, utilizó su experiencia
como reportera investigadora en Estados Unidos para realizar
peticiones por medio de la FOIA en lo relativo a los gastos
declarados por miembros del Parlamento británico.
La petición de Brooke desató un enérgico
debate en la Cámara de los Comunes, para determinar
si el Partido Laborista del gobierno podría recibir
una exención por las declaraciones de gastos, de
acuerdo a la nueva ley.
Un importante periódico británico, The
Daily Telegraph, tuvo acceso a parte de la información
y publicó una serie de artículos identificando
a 80 miembros del Parlamento como supuestos infractores
con las cuentas oficiales de gastos. El hallazgo motivó
la renuncia del presidente de la Cámara de los Comunes.
China también está teniendo mayor transparencia
gubernamental, luego de que promulgara hace poco sus Reglamentos
para Divulgar Información Gubernamental. La ley,
de hace un año, ha resultado en mayor apertura, siendo
un ejemplo de ello la decisión del ministerio de
Finanzas de publicar en Internet el presupuesto gubernamental
de 2009, el 20 de marzo. En el año transcurrido se
ha divulgado al público chino mayor cantidad de información
medioambiental.
Al igual que su contraparte en Estados Unidos, la FOIA
de China también obliga a las agencias del gobierno
a presentar un informe anual público sobre las acciones
que han tomado para divulgar información al público.
Para más información, en inglés, sobre
los pasos que siguen las agencias federales para tramitar
las peticiones de FOIA, véase la página
web del Departamento de Justicia.